53. FELICES
No sé que tengo, duermo sin parar, no supe ni cuando me dormí en el auto, me desperté al llegar a la casa y sentir los brazos de Gaby cargándome de nuevo.
—¿Llegamos Gaby? Bájame, yo puedo caminar.
—Ya te tengo en mis brazos cariño, quédate quieta. Mira, ya entramos.
—¡Es hermosa, esta entrada de la casa Gabriel! — exclamo, ante lo lujosa de la sala por donde hemos entrado esta vez.
—Sabía que te iba a gustar Eve, es el ala de la casa de mamá. Creo, que te vas a sentir mejor que en la que yo v