52. SACANDO UNA ESPINA
Me quedo pensativo, me parece haber escuchado esos nombres antes. No sé donde, pero estoy seguro que los he escuchado en algún lugar. Sigo trabajando en la computadora, hasta que viene Ester a avisarme que ya subieron. Cubro a Evelin con mi saco y después de repetirle a Ester que la cuide muy bien, me voy al encuentro de los americanos. Al llegar, observo una rubia muy arreglada en un estrechisimo vestido, y a un rubio alto de traje.
—Buenas tardes —saludo frunciendo el ceño, no me agradan.