El silencio de mi apartamento me resultaba ensordecedor. Llevaba dos horas intentando concentrarme en los documentos del caso Harrington, pero la imagen de Nathaniel no dejaba de aparecer en mi mente como un intruso persistente. Sus ojos, su voz, el roce de sus dedos sobre mi piel durante la cena de beneficencia... todo se reproducía en bucle, torturándome.
Cerré la laptop con frustración y me levanté del sofá. La lluvia golpeaba contra los cristales de mi ventana, creando un ritmo hipnótico qu