El vestido negro se deslizaba por mi cuerpo como una segunda piel. Me miré al espejo una última vez, ajustando la máscara veneciana que cubría la mitad de mi rostro. Era plateada con detalles en negro, perfectamente coordinada con mi atuendo. El escote en V descendía lo suficiente para ser elegante sin resultar vulgar, y la abertura lateral de la falda revelaba mis piernas cuando caminaba.
Esta noche era la gala anual de Blackwell Enterprises, un baile de máscaras donde la élite empresarial de