CAPÍTULO 11. Mientras fingías dormir.
—¿Quién más está contigo? —preguntó, observando a los lados, pues sabía que la nana de Irina dormía en una pequeña casa fuera de la hacienda, ya que, según ella, le gustaba la privacidad y tener su propio espacio.
—Déjate de pendejadas, aquí no hay nadie —su tono ya no le era algo fuera de lo normal, porque Orlando le hablaba así de cortante. Sin embargo, más que aborrecimiento, ahora estaba irritado, porque Cristina se estaba convirtiendo en una carga bastante molesta para él.
La hizo salir su