70. ADIÓS JONELLA.
—Valeksa, esto es una locura —Ragna tenía los ojos rojos de tanto llorar.
—Si, pero vamos a hacerlo.
—No, tengo miedo.
—Yo no, puedes quedarte en el auto si así lo prefieres.
Valeska se bajó del lujoso sedán del que ahora era dueña, no le gustaba presumir del dinero que consideraba era únicamente de su esposo, pero para lo que estaba por hacer no tenía más opción.
la conversación con Ivar, para obtener lo que quería, había sido muy acalorada, y no de una mala manera.
—¿Todo bien? —dijo el rubi