69. SECUELAS.
Cho miraba a Ivar, estaban sentados frente a frente, sin embargo el rubio mantenía los ojos cerrados, las manos cruzadas en su regazo y las piernas abiertas, casi parecía que dormía plácidamente con ningún pensamiento en su cabeza que le torturara de manera constante y dolorosa.
—¿No piensas abrir los ojos?
—No.
—Ivar, estamos a 4 horas más de viaje. Lo más probable es que…
—Mi hermano ya está en un hospital, pero sólo confío en ti —Ivar lo interrumpió, porque se sentía más seguro con person