51. LOS NÚMEROS NO MIENTEN.
—Creí que luego del pomposo anuncio que hiciste en esa elegante cena, ya no te vería por aquí, Ivar —Cho me miró de pies a cabeza, analizando mi vestimenta—. Y tampoco creí vivir para verte fundido en ese traje —se reía ahora en mi cara.
—Bueno, debo decir que después de todo te luce la bata blanca y el fonendoscopio.
—Nunca te di las gracias por esta oportunidad.
—No me debes agradecer nada, tu me has ayudado a mí más de lo que te creí capaz.
—Y por eso estás aquí.
—Si. Tengo algo que hace