50. ELLA.
—Ivar, por favor… E-Es demasiado profundo —los gemidos de Valeska me estaban volviendo loco, mi mente dejaba de pensar, yo no me controlaba ni podía actuar con claridad, solamente era una bestia salvaje sobre el cuerpo de mi esposa.
—¡Carajo! ¡Eres mía!
—Tuya —gimió y se mordió los labios mientras yo besaba y mordisqueaba sus pezones. Estaba cabalgando sobre mi y la visión era espectacular.
—Valeska, no me voy a cansar de ti nunca —Su último gemido y mi última estocada fue lo que detonó en el o