Capítulo 305. No eres nadie.

Me quedé sentada en la litera, con el corazón desbocado y las manos todavía ardiendo. Sentía la rabia como una segunda piel, pegada a mí, espesa, imposible de arrancar.

El pabellón estaba extrañamente silencioso.

No era el silencio normal de la noche, ese que se rompe con ronquidos, quejidos o conversaciones apagadas.

Era otro silencio.

Pesado, cargado y diferente.

Me pasé una mano por la cara, intentando ordenar mis pensamientos. No podía. Todo seguía girando alrededor de la misma frase: Cuare
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