Capítulo 304. Los errores no se apelan.
Luciana Velasco
El ruido fue lo primero que escuché. Ese chasquido seco, casi insignificante, con el que el abogado cerró la carpeta.
Un sonido administrativo. Frío. Definitivo.
Lo miré sin entender qué se suponía que significaba. Como si ese gesto no tuviera poder real sobre mi vida.
—¿Ya? —pregunté, ladeando la cabeza—. ¿Eso es todo?
El hombre frente a mí no levantó la vista enseguida. Tenía el traje mal planchado, ojeras profundas, el cansancio de quien ya no cree en milagros.
Cuando por fi