Capítulo 301. El temor más grande.
Adrián Soler.
El amanecer llegó sin pedir permiso.
No fue bonito.
No fue poético.
Fue real.
Una luz gris se coló por la ventana del hotel, cayendo directo sobre mi rostro como un recordatorio incómodo: ya no había excusas. Ya no había noche donde esconderse. Ya no había “después”.
Era hoy.
Me duché con agua tibia porque el agua caliente me mareó. Literalmente. Tuve que apoyar la mano en la pared un segundo, cerrar los ojos y respirar lento.
Perfecto, otra vez.
Me vestí sin pensar demasiado: jea