Capítulo 299. La mujer correcta.
Adrián Soler.
Si alguien me hubiera dicho hace seis meses que iba a estar parado en el jardín de la nueva casa de Maximiliano Delacroix, con el corazón en la garganta y las manos temblando… habría dicho que era ridículo.
Pero ahí estaba. Ridículo. Temblando. Sudando frío como si fuera un adolescente y no un hombre de treinta años con una carrera, premios, giras mundiales y un ego lo suficientemente grande como para llenar un estadio.
Y nada de eso servía ahora. Porque frente a mí estaba Pandora Collins.
Y su vientre redondeado.
Mi hijo. Mi bebé. Mi consecuencia. Mi castigo. Mi milagro. Todo al mismo tiempo.
Ella no me miraba directamente, solo respiraba rápido. Temblaba un poco. Y ese vientre… Dios.
Era demasiado real.
Demasiado vivo.
Demasiado mío.
Abrí la boca para decir algo antes de que se marchara, pero ni siquiera pude abrir la boca, porque una vocecita rompió todo.
—¡¡PAPÁ!!
Mía salió corriendo desde la casa como si acabara de descubrir que Santa Claus existía.
—Papáaaa… —dijo,