Capítulo 281. Ella necesita un lugar seguro.
Maximiliano Delacroix
El apartamento estaba demasiado silencioso. Me había levantado una hora después, de la salida de Amy, sin poder dormir.
Mía estaba dibujando en la sala, mis padres estaban en la cocina y mi esposa aún no había regresado.
Ese silencio se me metía en los tuéstanos, era ese que aparecía cuando algo estaba por pasar.
Y pasó. A los diez minutos de sentarme en la sala, se escuchó el timbre. No esperaba a nadie. Mis padres tampoco, fue mi madre quien salió corriendo abrir antes de que yo siquiera pudiera levantarme.
—Adrián… hijo —dijo ella afectuosamente, y su voz estaba llena de algo que solo las mujeres que han sido madres detectan: compasión.
Yo ya sabía en qué estado venía cuando escuché su "hola" apagado desde la puerta.
Me incorporé del sillón, aún con los puntos tirándome.
Adrián entró con la cabeza baja, los hombros tensos, los ojos rojos sin ser de llanto. Era de rabia. De orgullo. De alguien que se está rompiendo y hace fuerzas absurdas por no mostrarlo.
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