Capítulo 234. La explosión.
Maximiliano Delacroix
Salí de la sala con el teléfono aún caliente en la mano. Quince minutos, dijo Velasco. Quince minutos que ahora eran una sentencia que corría en todas direcciones: mis órdenes, las rutas, la gente que debía salir de allí.
Al llegar a la sala de crisis, Edric ya tenía servidores y mapas desplegados. La unidad táctica esperaba fuera, y la comunicación con las patrullas en terreno era clara y rápida. No había tiempo para dudas.
—Primero —dije sin rodeos—: evacuar toda la mans