Capítulo 222. No debiste venir.
Pandora Collins.
Segundos, antes de que el miedo me tragara por completo, unas manos me sujetaron por los brazos y me giraron con brusquedad.
Yo ya estaba lista para morder, arañar, pelear. Pero la voz que escuché me congeló la sangre.
—¡Pandora!
No era un extraño.
Era Adrián.
Su voz, ronca, cargada de rabia y alivio, se quebró al decir mi nombre.
La luz gris del amanecer apenas recortaba su silueta entre los árboles, pero habría reconocido esa voz en cualquier parte. El bosque parecía contener