Capítulo 221. La huella rota.
Pandora Collins.
El silencio tiene un sonido.
No es la ausencia de ruido.
Es esa presión invisible en el pecho que te obliga a respirar más lento, como si hasta el aire tuviera miedo de moverse.
Así son los bosques de madrugada. Oscuros, húmedos, espantosamente vivos.
Yo caminaba a través de ellos desde hacía horas, con frío en las manos y la garganta cerrada, sabiendo que si me detenía, aunque fuera un segundo… iba a arrepentirme.
No debía estar aquí. No debía haberme ido sola. Pero quedarme en la cabaña habría sido peor.
Si los Velasco me encontraban con ellos, no solo me harían daño a mí, sino también a ellos y eso no lo podía permitir, sobre todo cuando ellos me habían ayudado. No quería ponerlos en riesgo.
Porque eso hacen ellos con la gente que se vuelve un problema: la convierten en un cadáver conveniente.
Por eso me fui.
No porque fuera valiente.
Porque estaba aterrada.
El bosque era espeso y las ramas mojadas por la neblina. Algunas me rasgaron la piel, otras se enredaron en