Capítulo 177. El final del camino.
Adrián Soler
La lluvia seguía cayendo, incesante, como si el cielo se hubiera cansado de contener todo lo que yo no podía llorar. Mientras yo solo daba vueltas por las calles de la ciudad.
El parabrisas del coche se convertía en una cortina líquida que deformaba las luces de la ciudad, haciéndolas parecer fantasmas.
Yo conducía. Sin dirección. Sin propósito. El motor zumbaba con ese sonido monótono que hipnotiza cuando ya no queda nada más que hacer.
El reloj del tablero marcaba casi las once d