Capítulo 158. Un hogar lleno de luz.
Amy Espinoza
Todavía podía escuchar los aplausos cuando salimos del Teatro Dolby.
El aire de Los Ángeles estaba tibio, cargado de luces y murmullos. La gente seguía agolpada a la salida, algunos esperando una foto, otros simplemente mirando, como si no quisieran que la noche terminara.
Maximiliano me rodeó con un brazo para abrir paso entre la multitud. Mía iba en sus brazos, con los ojos brillantes y la sonrisa más grande del mundo.
—¡Mami, todos te gritaban! —exclamó, riendo, mientras subíamo