Capítulo 145. No había nada más qué decir.
Maximiliano Delacroix
El silencio llegó como un bálsamo después del bullicio.
La casa estaba envuelta en esa calma que solo se siente cuando la noche cae sobre un día agotador.
Hacía apenas unos minutos que habíamos acostado a Mía, y ya dormía profundamente rendida tras la emoción del reencuentro y las risas con sus nuevos abuelos.
Amy la había arropado con una dulzura que me dejó sin palabras. Se quedó unos segundos junto a su cama, acariciándole el cabello, observando cómo su respiración se a