Capítulo 146. Nuestro puerto perfecto.
Maximiliano Delacroix
El último beso que le di, aquel que había sellado sus palabras de amor, no se apagó en el aire. Se transformó. Se convirtió en un silencio denso y dulce, cargado de un nuevo entendimiento que palpitaba entre nosotros. Ya no había necesidad de hablar. Las palabras, por fin, habían dicho todo lo que tenían que decir.
Mis manos, casi por voluntad propia, encontraron el primer botón de su ropa. No fue un movimiento rápido, sino deliberado, lento. El leve crujido de la tela al