Capítulo 118. El mismísimo diablo.
Adrián Soler
Al final, por más que me opuse, no pudimos hacer nada. La policía, aunque no tenía ningún cargo en contra de nosotros, no se opuso a la retención de los hombres de Delacroix, así que al final no nos quedó más opción que acompañarlos a la sala apartada del aeropuerto que ellos indicaron.
Sus pasos eran tan firmes, tan sincronizados, que parecía que hubieran ensayado cada movimiento para que nada escapara de su control.
El aire olía a metal, y a café frío. Era un hangar disfrazado d