Capítulo 101. El regalo de Adrián.
Mía Soler
El auto se detuvo con un suspiro largo, como si también estuviera cansado de tanto silencio.
Yo llevaba un buen rato mirando por la ventana, viendo pasar las luces como si fueran luciérnagas tristes. No quise preguntar nada. Mi garganta estaba apretada, y cada vez que abría la boca me salía un nudo de aire que no era palabra.
Papá apagó el motor. El “clic” sonó tan fuerte que me hizo brincar. Él no dijo nada. Solo salió y dio la vuelta para abrir mi puerta. Cuando la puerta se abrió,