MARCUS
La mansión Valois nunca está realmente en calma; es una tumba de mármol esperando a que alguien cometa un error. Yo estaba apostado en las sombras del corredor, a escasos metros de la habitación de Maximilian, con los sentidos alerta y el sabor de mi propia sangre todavía presente tras el golpe de Victoria en la oficina. Entonces ocurrió. El aire se rasgó con un alarido que me heló la sangre. No era un grito de auxilio, era el sonido de alguien que acaba de ver cómo su mundo entero se d