VICTORIA
El trayecto de regreso a la mansión fue una procesión fúnebre rodeada de lujo. El interior del Bentley olía a ese cuero nuevo que parece absorber el sonido, envolviéndonos en un silencio que pesaba más que el plomo. Marcus conducía con una rigidez de piedra, sus manos enguantadas apretando el volante con una furia contenida que yo podía sentir vibrar en el aire. Sus ojos se mantenían fijos en la carretera, evitando el espejo retrovisor, pero su presencia era un juicio constante. En su