Mundo ficciónIniciar sesiónVICTORIA VALOIS
El silencio en mi despacho no era paz; era el aviso de que algo se estaba pudriendo. Maximilian se había retirado a su habitación hacía apenas una hora, pero su rastro seguía impregnado en el aire. Podía sentir su duda, ese virus que Crawford le inyectó antes de morir. “Todo fue planeado con la ayuda de…”. Maldito imbécil. Incluso con un agujero en la cabeza, Crawford había logrado lo que nadie: ponerme a la defensiva.
Max no es un







