Mundo ficciónIniciar sesiónVICTORIA VALOIS
El amanecer sobre el acantilado no traía luz, sino una claridad grisácea y enferma que lo desnudaba todo. El viento, cargado de salitre y del frío de las profundidades, golpeaba la carrocería del coche como si intentara advertirnos de algo. Pero yo no escucho advertencias; yo las creo.
Miré de reojo a Maximilian. Seguía con la máscara de cuero puesta, una figura oscura y silenciosa que se fun







