VICTORIA VALOIS
La biblioteca de la mansión Valois siempre ha sido mi lugar favorito para las ejecuciones emocionales. Es un espacio vasto, con techos de doble altura y paredes cubiertas de estanterías de roble que exudan un olor a cuero viejo, papel antiguo y el peso de siglos de privilegios. La luz de la tarde entraba de forma oblicua por los ventanales, proyectando largas sombras que parecían dedos alargados sobre la alfombra persa. En el centro de esa inmensidad, Maximilian Ferrero parecía