El ascensor privado se deslizó hacia arriba con una suavidad casi irreal. Carol veía su reflejo en las paredes de espejo: una extraña con un vestido demasiado corto y los ojos inyectados en pánico. A su lado, Alonso Williams permanecía en un silencio absoluto, emanando un poder que la hacía sentir minúscula.
Al entrar al penthouse, el lujo la golpeó como un bofetón. Era un espacio frío, de mármol negro y ventanales que devoraban el cielo de Nueva York. Alonso dejó las llaves sobre una mesa de cr