El reloj de la pared, rodeado de luces de neón rosa que parpadeaban con un zumbido eléctrico, marcaba las cuatro de la tarde. A esa hora, el "Club Party And Dancing Night Hot" olía a desinfectante industrial y a tabaco rancio, una mezcla que revolvía el estómago de Carol. Estaba sentada en un sofá de terciopelo rojo que se sentía pegajoso contra su piel.
Sus manos no dejaban de temblar. Las apretaba contra sus muslos, intentando que sus nudillos blancos recuperaran algo de color, pero el espasmo