Beatriz Williams no perdía. Llevaba sesenta y dos años sin perder y no pensaba empezar ahora. Que Rosendo hubiera intervenido en el lobby del hospital fue un contratiempo, no una derrota. Que Dante estuviera fuera de la mansión era una pieza en el tablero que podía moverse de vuelta. Y que Laura hubiera aparecido y no hubiera logrado desestabilizar nada era simplemente información: la chica era más sólida de lo que parecía.
Así que Beatriz cambió de estrategia.
Empezó por el lugar más blando: la