—¿A qué se refiere, señor Williams? —la voz de Carol salió pequeña, casi ahogada.
Alonso no apartó la vista de Estrella. La pequeña dormía con una palidez que dolía, pero en ese hospital de lujo, al menos parecía protegida por una burbuja de cristal. Él se guardó las manos en los bolsillos del pantalón de sastre y se giró lentamente hacia Carol.
—Es sencillo —soltó él, con una franqueza que la golpeó en el pecho—. Si aceptas ser mi sumisa, bajo mis reglas y mis términos, tu vida en el club se te