Carol estaba en la cocina cuando escuchó el timbre. Eran las ocho de la noche, Alonso había salido a una reunión en el hospital que se había extendido más de lo previsto, y Estrella ya dormía. Miró la pantalla del intercomunicador y vio a una mujer rubia, delgada, con un abrigo beige que le costaba más de lo que Carol ganaba en tres meses. No la conocía. Pero había algo en la manera en que esa mujer miraba la cámara, directa, sin ningún nerviosismo, que le dijo que ella sí sabía exactamente dónd
GLORY ESCRITORA
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