De camino a la empresa, Eloise apenas conseguía mantener el corazón en su sitio.
Estaba nerviosa. No solo por la cercanía de Augusto, sino porque sabía lo que los demás dirían al verla llegar junto a Augusto Monteiro.
Las especulaciones surgirían, como siempre.
Pero ahora la verdad parecía peligrosamente cerca.
El coche se detuvo frente al edificio.
Augusto bajó primero, rodeó el vehículo y le abrió la puerta.
Eloise descendió bajo las miradas curiosas del personal de recepción, mientras el son