Eloise no apartaba la mirada. Sus ojos brillaban con desafío y deseo mientras se acercaba despacio, como quien tiene plena conciencia del efecto que provoca.
Se colocó entre las piernas de él, con el cuerpo erguido, y se inclinó hasta que sus labios casi rozaron su oído. El perfume dulce y cálido de su piel envolvió a Augusto, que contuvo la respiración.
— Dije que iba a jugar con fuego… —susurró, en un tono provocador, dejando que la punta de sus labios rozara el lóbulo de su oreja—. Y ahora e