El mundo alrededor parecía desaparecer. La música, las luces, la multitud bailando… todo se desvanecía frente a la presencia de él.
La mano firme en su cintura no se movía. El cuerpo pegado a su espalda era como una prisión y, al mismo tiempo, una invitación peligrosa, dejando su respiración demasiado agitada como para disimular.
Eloise sonrió, pero no se giró. El dulce alcohol aún ardía en sus labios, y quizá era eso lo que le daba valor.
— No sabía que necesitaba su autorización para vivir, s