La sala de reuniones de la filial de Río estaba impecablemente preparada. Café recién hecho sobre la mesa, carpetas negras apiladas, jarras de agua y vasos colocados con precisión. El ambiente parecía listo para una reunión común… excepto por la presencia de dos hombres discretos posicionados cerca de la puerta, supuestamente guardias de seguridad… pero que en realidad eran agentes federales vestidos de civil.
Los invitados comenzaron a llegar poco a poco.
El primero en entrar fue Henrique V