Claudia apenas entrou na oficina y, ignorando cualquier formalidad, abrió una amplia sonrisa al ver a Augusto.
— ¡Mi niño! —exclamó, caminando hacia él con pasos decididos.
Antes de que Eloise pudiera procesar lo que estaba ocurriendo, Claudia abrazó a Augusto con fuerza y le dio dos besos sonoros en las mejillas, como si él todavía fuera aquel adolescente testarudo al que intentaba encaminar.
— Cada vez que te veo estás más grande… y con esa cara de hombre serio que no engaña a nadie.
Augusto