AMANTES.
Alana sentía el peso del silencio en la habitación cuando Ruchina escaneó su posición, tan segura y dueña del espacio como si fuera su territorio. La tensión era palpable.
—Está muy bonita tu oficina…
Alana apenas pudo ocultar su incomodidad. Esta no era una visita social, y lo sabía.
—No puedo ofrecerte mucho, estoy trabajando, muy ocupada, y es mejor que no estés aquí sin Ángelo presente —respondió Alana con firmeza, tratando de mantener la compostura.
Ruchina dejó escapar una pequeñ