UN FUTURO QUE JAMÁS LLEGARÍA…
Alana se tambaleó, como si sus palabras hubieran sido un golpe físico. Su mente se negaba a aceptar esa acusación, pero en lo más profundo de su ser, la culpa comenzó a germinar como una espina clavada en su pecho. Su respiración se volvió errática, y las lágrimas que había intentado contener comenzaron a brotar con fuerza.
Entonces Ángelo frunció el ceño y dio un paso al frente.
—No te atrevas a culparla por lo que pasó —su voz era afilada, en modo de defensa. Que