CAPÍTULO 47 INSEGURIDADES.
INSEGURIDADES…
Alana pasó un trago con fuerza y miró el brillo de la mirada de Ruchina que solo le recordaba la amenaza. Esa mujer que no parecía tener miedo a nada ni a nadie. Cada palabra dicha, cada insinuación venenosa, había dejado su huella, y aunque Alana no quería admitirlo, sentía una punzada de duda que nunca había sentido.
El aire de la habitación estaba cargado de tensión, y su respiración era pesada, como si algo la estuviera oprimiendo desde dentro. ¿Pero qué podía hacer? ¿Confiar