CASA FAMILIAR.
Alana pasó un trago al ver los documentos en sus manos y miró su reloj.
Eran las diez de la mañana, y aunque había hecho tiempo, había llegado la hora.
Tenía una opresión muy fuerte en su pecho. Sentimientos encontrados, y una revolución en su estómago, ahora la gobernaban, pero cuando el abogado llegó a su oficina, supo que ya no lo podía postergar con más tiempo.
Ángelo podía ser muy protector con ella, en algunos momentos, incluso ella podía entre ver sus finas líneas de amabi