CAPÍTULO 80 EL PRECIO DE LA REDENCIÓN.
EL PRECIO DE LA REDENCIÓN
Isabella se quedó estática, pero pronto fue atajada y desarmada por los guardias, mientras sus ojos y su cuerpo se quedaron congelados en la visión de su hermano en el suelo.
Lo había matado.
Su mandíbula tembló mucho, mientras escuchó el grito del niño.
—¡No! —Luciano cayó de rodillas junto a William, quien jadeaba con los ojos desorbitados, observando la sangre extenderse por su camisa. Ángelo se agachó de inmediato, presionando la herida con ambas manos, tratando de