36. A punto de atacar
Una vez la luz del sol ya no entra a la oficina de Erick Reyes, Marlene se lleva las manos a la cintura, con una expresión cargada de odio por completo que tiñe su atractivo rostro moreno.
—Se fueron —Marlene exclama—. Simplemente se fueron. Ella se fue con él. Él está sospechando que algo ocurre y no hay nada ahora que los pueda separar. Ni siquiera lo que tú habías creído que funcionaría. La hubieras asesinado. Ese golpe era para morirse.
Erick mastica un delicioso bocadillo de espaldas contr