Damián se quedó en silencio por un momento, la frustración y el enojo hirviendo dentro de él. Miguel tenía razón, Alice lo necesitaba, y él era su esposo. A pesar de todo el caos que sentía, sabía que debía estar allí para ella.
—Tienes razón, Miguel —dijo Damián, su voz más calmada pero aún con un matiz de desesperación—. Vamos.
Se dirigieron a la mansión Cooper en un silencio tenso. El camino se hizo eterno para Damián, cada segundo alimentando su ansiedad. ¿Cómo la enfrentaría? ¿Cómo le expl