—Señora Anderson, señora Anderson —la menciona Carla con preocupación—. Señora… —Carla observa cómo Alice despierta muy agitada, asustada y perdida—. Señora, ¿está bien? Su frente está muy sudada y la escuché quejarse, ¿le duele algo? —Carla, en su inocencia, no sabe que Alice estaba teniendo el sueño húmedo de su vida.
—Yo… —Alice tragó grueso—. Estoy bien.
—¿Segura? Está muy agitada, ¿tiene fiebre? ¿Desea que llame al doctor? —pregunta mirándola con preocupación.
—No, no, descuida… iré a da