Alice no lo pudo evitar; su perfecto beso, su agarre determinante y su perfume tan varonil la envolvieron. Ella también deseaba consumir esa pasión, percibiendo claramente cómo él la deseaba, cómo quería domarla. Cerró sus ojos y jadeó por lo bajo al sentir cómo besaba su cuello y daba un leve mordisco que despertó en ella un deseo incontrolable.
—Damian… —murmuró con voz agitada, su cuerpo ardiente necesitaba más. —Nos… nos pueden ver —susurró, y sintió como un exorcismo en todo su cuerpo. Sus