El mensaje vibró en el bolsillo de un número desconocido. Un hombre alto y de traje impecable lo leyó con una sonrisa torcida, mientras Alice y Damian se dirigían a la salida del evento, ajenos a la tormenta que se gestaba.
Alice se sentía tensa. Quería entregar su corazón, jugarse todo para que su matrimonio funcionara, pero a veces le resultaba tan difícil. Buscó con la mirada a Damian cuando, de repente, un mesero se le acercó.
—Señora Anderson, ¿desea una copa de vino?
—Sí, por favor —asinti