—Señora, debería irse a dormir, ya son más de las doce de la noche y su madre ya duerme. Por favor, usted necesita descansar, señora.
—No puedo, Carla. No puedo irme a dormir pensando que Damián no está bien, lo siento en mi corazón. Sé que él está triste; tú lo ves todo fuerte y cruel, pero yo que he podido ver más en él, sé que está triste.
—Entiendo… El amor que ustedes se tienen es muy bonito. ¿Qué le parece si le traigo un té? Yo la acompaño, igual no tengo sueño.
—Eres maravillosa, Carla,