Al oír Alice la voz de su primo Dylan, su sangre empezó a hervir. Le parecía un descaro que, después de lo que hizo, se hubiera atrevido a venir a la fiesta de su madre. Sin embargo, lamentablemente, por ser un Cooper, debía resignarse a no echarlo, ya que toda su familia estaba presente y era el cumpleaños de su madre.
Al girarse y voltear a mirarlo, lo vio acercarse con una copa de vino, la cual sostenía con elegancia, y pudo ver su sonrisa falsamente cordial, sonrisa que Alice le devolvió co